Los aparecidos de la calle Lauria

¡Hola! 馃憢馃懟

En septiembre de 1880, en una casa de la calle Lauria (la actual Roger de Ll煤ria) estaba ocurriendo algo que termin贸 llegando a la prensa 馃摳. La noticia era breve, casi seca, pero lo que contaba resultaba mucho m谩s inquietante de lo que pod铆an sugerir unas pocas l铆neas: desde hac铆a d铆as, en aquella casa se hablaba de duendes y fantasmas.

No de un ruido extra帽o. No de una sombra vista una sola noche. La informaci贸n hablaba de apariciones, en plural, y las describ铆a como algo que llevaba d铆as produci茅ndose dentro del edificio.

En los bajos viv铆a una familia con una joven. Y fue ella quien sufri贸 el episodio m谩s aterrador.

Seg煤n cont贸, estaba durmiendo cuando uno de aquellos aparecidos lleg贸 hasta su cama y la cogi贸 de los pies. La joven qued贸 tan profundamente afectada por lo ocurrido que enferm贸 de gravedad a consecuencia del miedo.

Y hay algo especialmente perturbador en la forma en que qued贸 escrita aquella noticia hace casi siglo y medio.
 No dec铆a que “el aparecido” hubiera entrado en la habitaci贸n. Dec铆a que hab铆a sido “uno de los aparecidos”.

Hab铆a m谩s.

No se puede saber qu茅 clase de apariciones eran, ni d贸nde se dejaban ver, ni qu茅 ocurr铆a exactamente en aquella casa cuando ca铆a la noche.
 La breve cr贸nica no lo explica. 
Solo deja constancia de que durante varios d铆as se hablaba all铆 de duendes y fantasmas, y de que al menos una de aquellas presencias no permaneci贸 al otro lado de una puerta, en un pasillo o perdida en la oscuridad.

Una de ellas la acechaba, entr贸 donde dorm铆a una muchacha, lleg贸 en silencio hasta la cama y la cogi贸 de los pies. Y cuesta imaginar que aquello fuera un contacto leve. Si estaba profundamente dormida y el episodio fue lo bastante brutal como para dejarla enferma del miedo, tuvo que sentir claramente aquellas manos sujet谩ndola. 
No una caricia. No un simple roce. Alguien (o algo) la hab铆a agarrado mientras dorm铆a.

El miedo en aquella casa tuvo que ser atroz.

Porque una cosa es temer aquello que pueda esconderse en una casa cuando se apagan las luces, que ya debe ser terrible, y otra muy distinta es cerrar los ojos creyendo que la cama es el 煤ltimo lugar seguro, tu refugio, y descubrir que aquello que temes tambi茅n puede llegar hasta all铆, darte un tir贸n por los pies y despertarte en plena oscuridad.

Y, a煤n m谩s tremendo... si uno de ellos lleg贸 hasta la cama, queda una 煤ltima pregunta mucho m谩s inquietante:

¿d贸nde estaban los dem谩s?



Comentarios

Entradas populares