Barcelona, 1862: ¿Una combustión humana espontánea?

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La medianoche acababa de caer sobre Barcelona cuando el sereno del carrer del Tragí vio salir humo de una casa. Se acercó y llamó a la puerta. Nadie respondió. Insistió varias veces, pero al otro lado solo encontró silencio.
La puerta tuvo que ser forzada.

Dentro encontraron a un hombre de unos sesenta años con el cuerpo casi carbonizado. Vivía completamente solo en una habitación pequeña y nadie había visto cómo comenzó el fuego.

Era la noche del 22 de enero de 1862.

El diario La Corona publicó que el hombre fumaba continuamente en pipa. Se creyó que pudo quedarse dormido y que una chispa cayó sobre su ropa. Cuando despertó, posiblemente ya estaba ardiendo. Abrió los balcones y la puerta, quizá para pedir ayuda, y consiguió salir de la habitación.
 No llegó muy lejos.
 Lo encontraron muerto al final de la escalera, abrazado a una cazuela con agua con la que habría intentado apagar las llamas.
No quedaba ningún vestigio de sus ropas. El cuerpo estaba tan quemado que algunas partes carbonizadas se desprendían cuando intentaban levantarlo del suelo.
La pipa parecía explicar lo ocurrido.

 Pero aquel mismo día el diario El Telégrafo publicó una posibilidad mucho más aterradora:
Algunos creían que el hombre había muerto por "combustión espontánea".

En aquella época se hablaba de personas que comenzaban a arder sin que nadie pudiera encontrar el origen del fuego. No era necesario que las llamas salieran de su interior. Podía bastar una chispa insignificante para que las ropas prendieran y, después, el propio cuerpo mantuviera vivo el incendio.

Eso era lo verdaderamente terrible.
El fuego ya no necesitaba madera, aceite ni carbón. La grasa del cuerpo podía alimentar lentamente las llamas mientras la víctima continuaba ardiendo. Apagar la ropa no siempre era suficiente, porque el incendio había encontrado combustible en la propia persona.

Si eso ocurrió en el carrer del Tragí, aquel hombre despertó atrapado dentro de un fuego que llevaba encima. Intentó sofocarlo con agua, abrió la puerta y salió hacia la escalera, pero las llamas continuaron consumiéndolo. No podía apartarse de ellas. No podía huir del lugar donde estaba comenzando el incendio porque el incendio era él.

Cuatro días después, el diario La Correspondencia de España publicó el caso en Madrid. La noticia decía que el cuerpo había aparecido casi carbonizado y terminaba con unas palabras estremecedoras: "Se decía que el sujeto había muerto por combustión espontánea, caso raro y pocas veces visto".

Nunca se publicó su nombre. Tampoco el resultado del reconocimiento realizado en el Hospital ni la conclusión de la investigación. La explicación de la pipa quedó como una posibilidad. La combustión espontánea, como otra.
Quizá una chispa prendió sus ropas mientras dormía. 

Pero hubo quienes sospecharon algo mucho peor: que, una vez iniciado el fuego, aquel hombre se había convertido en su propio combustible.

Las noticias originales pueden consultarse en el diario El Telégrafo, 23 de enero de 1862, el diario La Corona, 23 de enero de 1862 y el diario La Correspondencia de España, 27 de enero de 1862⁠.

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