Teresina, el espíritu que un médico de Barcelona intentó destruir
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Teresa Esquius tenía trece años y trabajaba en una fábrica de Terrassa cuando comenzó todo. Después de una fuerte discusión con Dolores, una compañera de trabajo, empezó a sufrir violentas crisis. Su familia acudió a curanderos y acabó convencida de que la muchacha había sido víctima del mal de ojo. Las crisis terminaron desapareciendo, pero entonces llegaron los fenómenos.
En casa de Teresa comenzaron a escucharse ruidos y crujidos. Los muebles se movían y, según escribiría años después el médico Víctor Melcior, algunos llegaban incluso a levantarse alrededor de ella. Después aparecieron en las paredes cruces, figuras humanas y extraños signos como los que podéis ver en la fotografía. Algunos estaban situados tan arriba que para realizarlos habría sido necesaria una escalera. Melcior aseguró que en la vivienda no había ninguna. Por Terrassa empezó a correr un rumor: Teresa estaba embrujada.
Dos médicos, Pous y Cadevall, llegaron a presenciar aquellos fenómenos. En una ocasión, Pous tumbó a Teresa sobre una cama y colocó una moneda encima de su cuerpo para comprobar que permanecía inmóvil. Entonces, según el relato de Melcior, volvió a comenzar aquella extraña "danza de mesas, sillas y bastón". Teresa no se movió. La moneda tampoco.
Años después, el caso llegó a Barcelona. Teresa, que rondaba ya los veinticuatro años, fue tratada por Víctor Melcior, un médico interesado en la hipnosis y en los fenómenos más extraños de la mente. La hipnotizó desde la primera sesión y, cuando Teresa entraba en trance, ocurría algo inquietante: respondía a las preguntas, pero ya no decía ser Teresa. Decía llamarse Teresina.
Para Teresa, Teresina era un espíritu que se apoderaba de ella y estaba detrás de los fenómenos de la casa. Incluso llegó a afirmar que la había visto separada de su propio cuerpo, entrando en una habitación mientras ella permanecía dormida, sentada en una silla. Melcior rechazó aquella explicación. Para él, Teresina era una segunda personalidad nacida en la mente de Teresa.
Y decidió destruirla.
Durante semanas utilizó la hipnosis y la sugestión para convencer a aquella otra personalidad de que cada sesión la debilitaba, como si fuera perdiendo fuerzas poco a poco. Según el propio médico, funcionó. Teresina dejó de manifestarse y con ella desaparecieron también los extraños fenómenos.
En 1904, Melcior publicó el caso en Barcelona. Entre las páginas de su libro incluyó una fotografía de aquellos grabados aparecidos en las paredes de la casa de Teresa. Es la imagen que acompaña esta entrada.
Viendo hoy esas cruces, figuras y marcas resulta difícil no pensar, salvando las distancias, en las famosas caras de Bélmez. Solo que los extraños dibujos de la casa de Teresa habían sido fotografiados y publicados en Barcelona casi setenta años antes.
Estás marcas quedaron allí como recuerdo de una joven que aseguraba compartir su cuerpo con alguien más; alguien a quien incluso afirmó haber visto fuera de sí misma. Se llamaba Teresina.
¿Una segunda personalidad... o algo más?
¿Tú qué opinas?
La imagen procede de Los estados subconscientes y las aberraciones de la personalidad, obra publicada por Víctor Melcior en Barcelona en 1904.

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