La médium Z y la mujer que aparecía, en Barcelona, tras las cortinas.

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Entre 1906 y 1907, en una casa de Barcelona, varias personas se reunían en penumbra para presenciar algo que, según aseguraban, no pertenecía al mundo de los vivos.

 Una joven llamada Carmen Domínguez desaparecía detrás de unas cortinas y permanecía en un pequeño gabinete. En los ambientes espiritistas también sería conocida por un nombre mucho más inquietante: la "médium Z".

Al cabo de un tiempo, de detrás de aquellas cortinas surgía una mujer vestida de blanco, con el cabello oscuro completamente suelto. Decían que se llamaba Leonor y que Carmen continuaba dentro. No eran golpes en una mesa ni voces difíciles de identificar: Leonor parecía tener cuerpo, podía acercarse a los presentes y ser observada desde muy poca distancia.
 Para quienes asistían a aquellas sesiones, se trataba de la materialización completa de un espíritu.

El caso llegó hasta Josep Comas i Solà, astrónomo y director del Observatori Fabra. Si un científico de su prestigio confirmaba que Carmen y Leonor eran dos personas distintas, los espiritistas tendrían ante ellos una prueba extraordinaria. Comas aceptó participar, pero comenzó a introducir controles cada vez más estrictos. En una de las experiencias, Carmen fue sujetada cuidadosamente para dificultar que pudiera abandonar su lugar sin ser descubierta. Aquella vez Leonor no apareció.
 En otra sesión se escucharon movimientos detrás de las cortinas y la disposición de algunas prendas de la médium despertó sospechas sobre lo que podía estar ocurriendo en la oscuridad.
Pero una noche sucedió algo todavía más inquietante. Carmen había entrado en el gabinete con el cabello recogido. Leonor apareció con la melena suelta. Comas escuchó ruidos tras las cortinas, como si alguien estuviera manipulando su ropa, y pudo contemplar a la supuesta aparición desde muy poca distancia. Cada vez encontraba menos diferencias entre aquella mujer vestida de blanco y la joven que supuestamente permanecía oculta. 

En plena penumbra oyó caer algo al suelo.

Los espiritistas todavía presentaron otra prueba. En 1907 consiguieron imprimir sobre papel ahumado una huella atribuida a Leonor que, según ellos, era unos dos centímetros más pequeña que la de Carmen. Comas cuestionó aquella diferencia y sostuvo que una presión distinta sobre el papel podía alterar el tamaño aparente de la impresión. La supuesta huella del espíritu llegó a publicarse en 1908 en la revista "Orbi...!". Para entonces, la polémica ya había salido de aquellas habitaciones. Comas publicó sus conclusiones en "La Actualidad" y posteriormente reunió sus experiencias en "El espiritismo ante la ciencia".

No se puede saber con absoluta certeza todo lo que ocurrió detrás de aquellas cortinas. Sí quedó documentado que, cuando aumentaban los controles, las supuestas materializaciones encontraban cada vez más dificultades.
 Aquella noche, cuando Leonor desapareció y regresó la luz, Comas se acercó al lugar de donde había procedido aquel pequeño ruido. 

En el suelo encontró una horquilla.

 ¿De quién?

Esta fotografía, conservada por el Museu de la Història de la Medicina de Catalunya, muestra al joven Joan Puig-Sureda durante una sesión de espiritismo con amigos y familiares en 1890. Una imagen real de la época que ayuda a situar el ambiente de aquellas reuniones.
Hemeroteca consultada: Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. "La Actualidad" (Barcelona), n.º 73, 1907. 

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