Florentina Duran y la mano mutilada del Titanic

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Florentina Duran i Moné era vecina de Barcelona y tenía treinta años cuando, junto a su hermana Assumpció, embarcó rumbo a Cuba como pasajera de segunda clase del Titanic. Las dos sobrevivieron al naufragio en el bote salvavidas número 12 y, desde aquella pequeña embarcación, fueron testigos de algunas de las brutales escenas que se vivieron durante aquella terrible madrugada del 15 de abril de 1912.

El Titanic ya había desaparecido bajo el Atlántico. La noche era completamente oscura y el agua estaba a una temperatura cercana a los dos grados bajo cero. Más de mil personas habían quedado en el mar, muchas únicamente protegidas por un chaleco salvavidas, rodeadas de restos y luchando contra un frío capaz de paralizar el cuerpo en muy poco tiempo. Desde los botes se escuchaban sus gritos pidiendo ayuda. Algunos todavía conseguían nadar hasta las embarcaciones, pero entre quienes ya estaban dentro había otro miedo: que demasiadas personas intentaran subir, el bote volcara y todos acabaran de nuevo en aquella agua helada.

Según el relato atribuido a Florentina y Assumpció, uno de aquellos hombres consiguió llegar nadando hasta el bote número 12. A su alrededor, en una oscuridad casi absoluta, centenares de personas gritaban y luchaban por mantenerse a flote. El Titanic ya no estaba. No había nada detrás de ellos a lo que regresar. Para aquel hombre, alcanzar un bote significaba literalmente seguir vivo. Nadó hasta la embarcación, consiguió agarrarse al borde y trató de subir. Pero desde dentro no le dejaron. Y podemos imaginar el pavor que debía de reinar también entre quienes ocupaban aquel pequeño bote: estaban rodeados de náufragos desesperados y sabían que, si demasiados lograban subir, podían volcar la embarcación y acabar todos en el mismo mar del que acababan de escapar.

El hombre, sin embargo, no se soltaba. Seguía agarrado con todas sus fuerzas. Desde el agua luchaba por subir; desde el bote luchaban por impedírselo. A los gritos que llegaban de todas partes se sumaba aquella lucha brutal por un espacio dentro de una embarcación que podía significar la diferencia entre vivir o morir. El hombre había llegado hasta allí después de sobrevivir al hundimiento y de atravesar el agua helada. Tenía la salvación entre las manos y no estaba dispuesto a dejarla escapar.

Hasta que alguien cogió un hacha.

Y le cortó una mano de un golpe.

El hombre perdió el único apoyo que lo mantenía junto al bote y volvió a caer al Atlántico, a aquella agua negra y helada de la que acababa de intentar escapar. Dentro de la embarcación debió de quedar el horror de lo que acababa de ocurrir; fuera continuaban los gritos de quienes todavía intentaban sobrevivir.

Florentina estaba allí. Lo vio.

Y aquella no fue la única escena de desesperación que las hermanas aseguraron haber presenciado. También hablaron del uso de armas de fuego contra algunos de los hombres que intentaban alcanzar las embarcaciones. En su propio bote, un joven de unos veinte años consiguió meterse dentro y el oficial que lo dirigía sacó un revólver con intención de obligarlo a regresar al mar. Las mujeres se interpusieron y suplicaron que no lo matara. Finalmente le permitieron quedarse y lo pusieron a remar.

Debieron de ser horas interminables. En medio de aquella oscuridad ya no quedaba rastro del gigantesco transatlántico que unas horas antes parecía imposible de hundir. Solo los botes, algunos restos flotando y centenares de personas intentando sobrevivir en un océano prácticamente helado. Los gritos que llegaban desde el agua fueron disminuyendo poco a poco, hasta que terminó llegando el silencio. Florentina y Assumpció permanecieron en el bote número 12 y, después de recoger a más supervivientes, alcanzaron finalmente al Carpathia.

Y todavía queda una última casualidad. En Wikipedia aparece una fotografía tomada durante el rescate de los supervivientes del Titanic que está identificada como el bote salvavidas número 12. El mismo bote en el que viajaban Florentina y su hermana Assumpció. 

La imagen muestra una embarcación completamente abarrotada junto al Carpathia durante la mañana del 15 de abril de 1912. La identificación como bote número 12 no aparece confirmada en el pie original de la fotografía, pero si realmente lo es, entonces Florentina está ahí. 

No sabemos cuál de aquellas mujeres es, pero entre esas personas que vemos amontonadas estaría aquella vecina de Barcelona, apenas unas horas después de haber visto desaparecer al Titanic en mitad de la noche y de haber contemplado hasta dónde podía llegar la desesperación de un ser humano por seguir con vida.

Pie de foto: Bote salvavidas del Titanic llegando al Carpathia la mañana del 15 de abril de 1912. Wikipedia identifica la embarcación como el bote número 12, en el que viajaban Florentina y Assumpció Duran, segunda imagen, mejorada por IA de la misma foto anterior.




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