Florencio Rosich y la confesión tardía
¡Hola! 👋
El 26 de julio de 1895, en una vivienda de la calle del Parlament de Barcelona, fueron asesinadas Concepció Nadal y dos de sus hijas. Las sospechas acabaron recayendo sobre el marido y padre de las víctimas, Silvestre Lluís, aunque el caso estuvo rodeado de dudas desde el principio. Las pruebas no convencieron a todos y el propio jurado quedó dividido: ocho de sus miembros lo consideraron culpable, mientras que cuatro no creyeron demostrada su responsabilidad. A pesar de ello, Silvestre Lluís fue condenado a muerte y el 15 de junio de 1897 fue ejecutado a garrote vil en el patio de la prisión de Reina Amàlia. Hasta el último momento sostuvo que era inocente.
Todo parecía haber terminado allí, pero cuatro años después ocurrió algo que volvió a sacudir el caso de una forma realmente inquietante. El protagonista fue Florencio Rosich, hermano de Concepció Nadal, tío de las dos niñas asesinadas y, por tanto, cuñado del hombre que había acabado en el garrote. Rosich, además, no era un desconocido para la investigación: después del crimen de 1895 había llegado a ser detenido como posible implicado, aunque presentó una coartada y fue puesto en libertad. Más tarde marchó a Cuba, participó en la guerra y regresó a Barcelona mutilado, con el brazo derecho sustituido por una prótesis.
El 26 de junio de 1901, Rosich volvió a ser detenido, esta vez por atacar a una joven llamada Manuela Carrasco, con quien había mantenido una relación. Al parecer, ella había decidido romper con él y Rosich no lo aceptó. Aquella noche la siguió hasta su domicilio, en la calle de Mendizábal, y cuando Manuela entró en el portal se abalanzó sobre ella armado con un cuchillo. Le lanzó varios golpes y uno consiguió herirla en la espalda. Los gritos alertaron a varias personas y Rosich intentó escapar todavía con el arma en la mano, hasta que finalmente consiguieron reducirlo.
Pero lo más extraño apareció después. Durante el forcejeo habían caído al suelo unas notas que nadie había advertido en un primer momento. La portera las encontró y las entregó a la policía. Estaban escritas a lápiz y su contenido era estremecedor: quien las había escrito afirmaba ser cuñado de Silvestre Lluís, aseguraba que el hombre ejecutado cuatro años antes era inocente y se atribuía el asesinato de Concepció Nadal y de sus dos hijas.
La situación no podía ser más siniestra. Aquellas notas habían aparecido junto a Florencio Rosich, el hermano de la mujer asesinada, el tío de las niñas, el cuñado del ejecutado y uno de los hombres que ya habían sido investigados por el crimen. La policía decidió entonces hacerle escribir algunas palabras para comparar su letra con la de las notas y, según publicó "El Diluvio", apreciaron semejanzas entre ambas. Rosich, sin embargo, lo negó todo. Aseguró que desconocía de dónde habían salido aquellos papeles, negó haberlos escrito y rechazó cualquier participación en el asesinato de su hermana y de sus sobrinas.
El caso causó una enorme impresión porque las dudas sobre la condena de Silvestre Lluís no habían aparecido ahora, sino que ya existían durante el propio juicio. Cuatro miembros del jurado no habían considerado demostrada su culpabilidad y Lluís había mantenido hasta el momento de su ejecución que era inocente. Ahora, cuando llevaba cuatro años muerto, aparecían junto a su propio cuñado unas notas en las que alguien afirmaba exactamente aquello que él había repetido hasta el final.
Nunca pudo demostrarse de forma concluyente que Florencio Rosich hubiera escrito aquellas notas ni que fuera el verdadero autor del triple asesinato. Pero el caso dejó una duda imposible de ignorar. Silvestre Lluís había muerto en el garrote proclamando su inocencia y, cuatro años después, su cuñado, antiguo sospechoso del crimen, era detenido tras atacar con un cuchillo a otra mujer mientras junto a él aparecían unas notas en las que alguien se atribuía los asesinatos.
Tal vez aquellas notas no demostraban nada. Tal vez Florencio Rosich no tuvo ninguna relación con la muerte de su hermana y sus sobrinas. Pero también quedó abierta una posibilidad mucho más oscura: que Barcelona hubiera contemplado la ejecución de un hombre inocente y que, cuando apareció una posible confesión, ya fuera demasiado tarde para hacer absolutamente nada.
¿Qué pensáis?
(Foto propia) En la imagen podemos ver la plaza de Josep Maria Folch i Torres, el lugar donde se ubicaba la antigua prisión de Reina Amàlia, en cuyo patio Silvestre Lluís fue ejecutado a garrote vil el 15 de junio de 1897.
(El Diluvio) Noticia publicada en la prensa de la época sobre el caso de Florencio Rosich y la aparición de las notas en las que se atribuía el triple asesinato.

Comentarios
Publicar un comentario