¿Existieron realmente las vestales en Barcino?

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Con apenas seis o siete años abandonaban a su familia para no volver jamás. Desde ese momento su vida quedaba consagrada a una única misión: mantener encendido el fuego sagrado de la diosa Vesta. Mientras aquella llama siguiera ardiendo, los romanos creían que Roma permanecería bajo la protección de los dioses.

Aquellas niñas tenían un nombre: vestales.
Eran respetadas como pocas personas en todo el Imperio, pero también vivían bajo unas normas terribles. Si una vestal rompía su voto de castidad, nadie podía ejecutarla porque era una mujer consagrada. Así que los romanos encontraron otra solución. La llevaban hasta una pequeña estancia bajo tierra, la dejaban con un poco de pan, agua, aceite y una lámpara... y sellaban la entrada.

Sí. La enterraban viva.

Cuesta creer que una civilización capaz de levantar algunas de las obras más impresionantes de la Historia fuera también capaz de algo así. Quizá por eso las vestales siguen despertando tanta curiosidad más de dos mil años después.
Hace unos días entré en la página de Vestalis, la coctelería del Gran Hotel Barcino. 
Mientras leía la presentación del local encontré una referencia que relacionaba a las vestales con la antigua Barcino.
 Aquella frase me hizo detenerme. Después de tantos años leyendo sobre la Barcelona romana, no recordaba haber visto nunca esa relación.

Pensé que el despiste era mío.

Así que empecé a buscar.

Esperaba encontrar una inscripción. Un altar. Una dedicatoria. Cualquier prueba que demostrara que aquellas sacerdotisas también habían formado parte de la historia de Barcino.
Pero no apareció.

Hasta donde he podido investigar, no he encontrado ninguna evidencia histórica publicada que documente la existencia de vestales en Barcino.

¿Significa eso que nunca existieron?
No.
La historia siempre puede cambiar con un nuevo hallazgo.

Pero, con la documentación publicada que he podido consultar, tampoco he encontrado ninguna prueba que permita afirmarlo.

Barcelona está llena de historias extraordinarias. Precisamente por eso creo que merece la pena distinguir entre aquello que conocemos gracias a la historia y aquello que, al menos por ahora, todavía no ha dejado rastro en las fuentes.
Quizá algún día aparezca una inscripción que obligue a reescribir este artículo.

Ojalá.

Porque significaría que Barcelona aún guardaba otro secreto bajo sus calles.
Hasta entonces, las vestales seguirán siendo uno de los grandes misterios de Roma... y no, al menos por ahora, de la Barcino que conocemos.

Fotografía: Propia (Santi Castillo). Templo de Augusto (MUHBA), Barcelona.







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