La linterna mágica.

Hola! 🙋‍♂️🔦

En una tienda del carrer Ciutat 📸, de Barcelona, hace algo más de un siglo, se ofrecía un espectáculo que desconcertó a buena parte de quienes se atrevían a entrar. No era teatro, ni feria, ni sermón. Era algo nuevo, difícil de explicar con las palabras de la época: proyecciones fijas realizadas con una llanterna màgica (linterna mágica), un aparato aún rudimentario y prácticamente desconocido entonces en Barcelona.
Aquel espectáculo recibió el nombre de fantasmagórico, y el término no era gratuito. Las imágenes aparecían de pronto sobre la pared, agrandadas, inmóviles, surgidas de la oscuridad. En una ciudad poco habituada a la cultura visual, aquello bastaba para que muchos lo interpretaran como una manifestación de fantasmas, obra del diablo o fruto de la brujería. No eran pocos los que evitaban el lugar. Otros, más valientes o simplemente más curiosos, entraban… aunque no siempre salían tranquilos.

La linterna que hacía posibles aquellas funciones era un objeto contundente, casi inquietante en sí mismo: una caja opaca, una fuente de luz potente, placas de vidrio pintado que se iban sucediendo una tras otra. No todos comprendían el mecanismo. 
De hecho, la mayoría asistía sin llegar a entender cómo funcionaba realmente el espectáculo. Se sabía que algo se proyectaba, pero no cómo ni por qué. Y eso bastaba para alimentar la desconfianza.

Las funciones duraban alrededor de una hora y la entrada costaba un real por silla. Al terminar, la gente abandonaba el local del carrer Ciutat con una sensación ambigua: entre el asombro y el recelo, incapaz de explicar con claridad qué había visto. Con el tiempo, sin embargo, el miedo inicial fue cediendo. El espectáculo se popularizó, se normalizó, y acabó convirtiéndose en un divertimento más, incluso doméstico, asociado a reuniones familiares y tertulias.

Pero el estigma nunca desapareció del todo. La linterna mágica arrastró durante años una fama oscura, marcada por ese componente diabólico que nuestros bisabuelos no olvidaron. Aun cuando ya era aceptada como entretenimiento, seguía siendo algo sospechoso, algo que jugaba con la luz y con la credulidad, en una ciudad donde la noche aún imponía respeto.
Quizá por eso sigue fascinando. Porque no proyectaba solo imágenes, sino incertidumbre. Y porque, durante un tiempo, bastaba apagar la luz en una tienda del carrer Ciutat y encender una linterna como esta para que lo imposible pareciera real.

¿Habrías entrado tú? 👻🔦


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